Bolivia celebra su onomástico cada 6 de agosto como un acto de rebeldía en contra de fuerzas que desean ver perecer su lucha de estar de pie y gritar ¡yo existo! Como es habitual en estas fechas los administrativos desempolvan las imágenes de proceres, quienes lucharon para que esta existencia se concretara: como las de Simón Bolívar, Antonio José de Sucre y otros; pero este articulo llama a recordar a los proceres olvidados de Bolivia que trataron de construirla no desde las armas, sino desde la creación del capital que es por la cual Bolivia ha logrado formalizar su independencia, que al mismo tiempo ha sido siempre truncada por los políticos estatistas que no dejaron de satanizar a grandes industriales como Simón I. Patiño, Nicolás Suarez, Max Fernández, entre tantos. Industriales que han logrado crear el capital que es la piedra fundamental de toda republica moderna, por colocar en un papel la existencia de riqueza que es reconocida a nivel mundial por las super potencias. La soberanía política que nos dieron los proceres armados no es mas importante que la soberanía económica de los proceres económicos, porque una no puede vivir sin la otra, un país puede emanciparse por medio de las armas y volver a ser conquistado, pero el gran detalle está en el reconocimiento de los títulos de propiedad por el derecho internacional publico y privado; que al reconocer el capital de un país materializa los intereses de hacer negocios, porque al final de cuentas es mas barato hacer negocios con un país que invadirlo. El reconocimiento de la independencia de un país necesita ir más allá de un simple acto diplomático, se debe tener la certeza del respeto de la propiedad privada, contratos, títulos, capital respaldado por documentos líquidos, porque para el mundo un país no existe hasta que un papel determine cuanto gas tiene bajo el suelo, cuanto estaño tiene en sus minas, cuantas cabezas de ganado corren por sus tierras, cuantos empresas están formalizadas, cuanta mercancía se vende, cuantos servicios se entregan, cuantos profesionales egresan, cuanto se consume y cuanto se produce. O sea, el qué sucedió después de ese 6 de agosto de 1825. Por esto llamo a reconocer a los grandes personajes de la historia nacional que han tenido éxito en llevar a Bolivia con sus productos, aunque sean materias primas, porque haciendo eso han logrado que nuestras materias primas vendidas tengan registros documentados en las grandes bolsas del mundo como “from Bolivia” o “de Bolivia”, aun con la envidia de la elite política nacional que con la excusa de las luchas sociales han envenenado los corazones de nuestros compatriotas para robar el capital que ellos no levantaron. También debemos reconocer a los pequeños, a ti y a mí. Los administradores del Estado usan nuestras instituciones de manera extractiva para vender y embolsillarse nuestros recursos naturales y a nosotros nos excluyen mediante el no reconocimiento de la titularidad de nuestras propiedades, nuestras tierras y peor, nuestro trabajo. Razón por la cual Bolivia tiene un alto nivel de informalidad, que se traduce en un trabajo invisible ante cualquier entidad. Bolivia existe, pero hoy cada boliviano debe existir también, por lo tanto, pido a mis compatriotas exigir al Estado boliviano que nos incluya, que nos reconozca en las instituciones, no como mendigos, sino como dueños de esta tierra.

«El reconocimiento de la independencia de un país necesita ir más allá de un simple acto diplomático, se debe tener la certeza del respeto de la propiedad…»


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