Adam Smith

Los sentimientos morales vs. El Libre Mercado

El liberalismo vulgar y sus más férreos opositores redujeron la obra de Smith a la «mano invisible» ignorando su advertencia fundamental sobre la naturaleza humana. Smith sostuvo que el mercado libre requiere empatía, justicia institucional y moralidad pública para no convertirse en un caos de oligopolios.

Cuando se aplica el libre mercado en sociedades con instituciones frágiles, corrupción sistémica y carentes de capital moral, la «mano invisible» no genera competencia perfecta, sino capitalismo de compadrazgo, donde los poderes económicos capturan al Estado en su beneficio.

¿A qué se refería Adam Smith con «Moral? Los dogmáticos del libre mercado suelen olvidar que Adam Smith era un filósofo moral. Diecisiete años antes, en 1759, publicó La teoría de los sentimientos morales, donde argumentaba con absoluta claridad que el mercado y el intercambio comercial no pueden sostenerse sobre el vacío ético.

Para Smith, la «mano invisible» jamás pretendió ser una apología del pillaje, la estafa legalizada o la usura desmedida. Smith sostenía que el ser humano posee una brújula natural llamada simpatía y que el orden comercial requiere un cimiento inquebrantable de virtud cívica, justicia y contención moral.

El mercado funciona eficientemente no porque todos roben a todos persiguiendo su propio beneficio, sino porque los agentes económicos comparten un código tácito de honor, cuando se despoja al liberalismo de su componente ético, se convierte en una justificación del darwinismo social salvaje.

Para ver este fallo en la práctica basta analizar la ola de reformas estructurales de libre mercado implementadas en América Latina durante la década de 1990 (con los procesos de privatización masiva de empresas estatales y desregulación financiera).

¿Cómo falló el modelo? Asumieron que al retirar al Estado de la economía y vender las empresas públicas, generaría automáticamente eficiencia, competencia y riqueza para todos. Pero omitieron la variable que Smith advirtió ¿Qué ocurre cuando aplicas el libre mercado en sociedades donde el tejido moral e institucional está carcomido por la corrupción?

 

Las empresas estatales no se abrieron a un mercado libre y competitivo fueron rematadas a grupos económicos concentrados que tenían conexiones directas con los ministerios y en lugar de competir por innovación o calidad, los nuevos dueños utilizaron el poder político para blindarse contra la competencia, creando monopolios privados protegidos por el mismo Estado que supuestamente se iba a achicar.

La población no experimentó la «prosperidad del libre mercado», sino el saqueo institucionalizado bajo la chapa del liberalismo el resultado fue un resentimiento social profundo que destruyó por una generación entera la credibilidad política del libre mercado, allanando el camino para la llegada de populismos estatistas que destruyeron aún más la economía.

Por otro lado tenemos a Hayek que advirtió con maestría contra la «fatal arrogancia» del Estado al intentar planificar la economía. Sin embargo, su defensa del orden espontáneo a menudo derivó en una fe ciega en la desregulación absoluta, el modelo hayekiano a menudo subestima que el mercado mismo requiere un Estado fuerte pero limitado para imponer reglas de juego limpias.

Al desmantelar el Estado social sin construir instituciones de bienestar eficientes, se destruye el tejido social, provocando una reacción populista inevitable que sepulta las reformas liberales, el mercado necesita un suelo de dignidad ningún modelo económico sobrevive si la gran mayoría de la población percibe que el sistema está amañado en su contra. La desregulación no puede significar impunidad para los monopolios y oligopolios amparados por el poder político. El verdadero liberalismo destruye las rentas de los privilegiados

Los «shocks» económicos que ignoran el costo social transitorio destruyen la paciencia democrática. Una reforma económica que no contempla cojines institucionales y humanos para la clase media y los sectores vulnerables es, en realidad, un suicidio político a plazos.

Cuando se implementan reformas sin comprender que la economía es un organismo vivo integrado por seres humanos, la presión acumulada destruye el propio mercado. Una sociedad llevada al límite por la desregulación ciega no responde con innovación, responde destruyendo el orden institucional, quemando sus propias instituciones y abrazando el populismo estatista más radical y confiscatorio como un mecanismo desesperado de supervivencia. La verdadera derecha liberal debe ser la principal enemiga de los oportunistas y los empresarios carentes de valores que viven de los favores del poder político, sin una justicia ciega, honesta y rápida cualquier libre mercado es una estafa.

Sí Bolivia desea sobrevivir el estado la debe cuidar cualquier reforma liberal o de saneamiento fiscal debe simplificar radicalmente los trámites, reducir la carga impositiva asfixiante sobre el que emprende desde abajo y facilitar el acceso formal al crédito, si al pequeño comerciante solo se le exigen cargas impositivas sin darle seguridad jurídica ni estabilidad monetaria, la economía real se declarará en rebeldía absoluta.

Evitar la ruina en Bolivia exige abandonar tanto el estatismo irresponsable e insensible que ignora el factor humano, el verdadero orden económico solo se sostiene si la sociedad que lo habita sobrevive al proceso de sanación, sabemos el camino a tomar ahora debemos tener el valor moral de avanzar por el mismo sin titubear.

«Sí Bolivia desea sobrevivir el estado la debe cuidar cualquier reforma liberal o de saneamiento fiscal debe simplificar radicalmente los trámites, reducir la carga impositiva asfixiante sobre el que emprende desde abajo y facilitar el acceso formal al crédito, si al pequeño comerciante solo se le exigen cargas impositivas sin darle seguridad jurídica ni estabilidad monetaria, la economía real se declarará en rebeldía absoluta».


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